¿Quieres ser un seductor? Te interesa...

Actualizado: abr 5



¿Buscas un curso de “cómo seducir a una mujer/hombre” o “ el arte de la persuasión”? Déjame decirte que tienes una idea muy equivocada sobre las relaciones y el sexo, confundiendo engañar con enamorar y el placer con el sufrimiento del otro.

Seducir es guiar a la otra persona por un camino que le lleva a un propósito sexual. Planificas y vendes una imagen de ti que no existe, utilizando técnicas para engañar a la otra persona, lo que básicamente es una estafa. Un ataque sistemático y bien estudiado, viciando la mente de la persona con un fin altamente egoísta. Es un acto de violación que la víctima no puede explicar ni denunciar.

El perfil de un seductor es el de un perverso. Para obtener el goce o disfrute necesita utilizar a la persona como un objeto y convertirlo en su fetiche. Se va a considerar superior y más inteligente al verse con el poder de manipular al otro. Su máxima fantasía es amar sin ser amado, como hicieron con él/ella en su infancia o en algún momento de su vida. Sufrió un abandono emocional o ruptura amorosa, o fue golpeado, menospreciado y/o humillado. Se odia a través de la persona que seduce, por ello busca perfiles similares a él mismos, para aniquilar esa parte de él que detesta a través de esa persona.

El seductor perverso es un renegado, cuando le hace daño a la víctima va a negar la humillación como una forma de negar el dolor que vivió. Toda la vida lo ha estado negando y ahora lo vuelve a hacer a través de sus víctimas. Tiene grandes sentimientos de inferioridad, se siente tan pequeño que necesita engañar y estafar para conseguir la atención que anhela. La pobre conciencia moral le hace ser inmaduro, caprichoso y egocéntrico. La víctima que elige se va a llevar el dolor de sus traumas, creyendo que abusando de esa persona se va a liberar de todos sus complejos.

Lo que enseñan en ese tipo de cursos es a crear una neurosis a su víctima, tal estado de ansiedad que la víctima va a necesitar del seductor para sobrevivir.

Imagina el escenario de una fiesta; en primer lugar el seductor la selecciona, normalmente suele ser alguien que él considera más débil, inocente o ingenua. Se va a mostrar carismático, amable, con iniciativa y hablará de temas que le guste a su víctima, haciéndole ver que comparte sus gustos o aficiones, y si no, se los inventa.


Luego pasará a tratarla de manera neutral incluso sin prestarle atención, activando la zona del cerebro del “dolor por exclusión”, por rechazo social. Empezará a liberar cortisol que es la hormona del estrés. También se va a liberar testosterona incrementando con esto el deseo sexual.

El siguiente paso es conectar con su víctima con una mirada fija de depredador y una sonrisa amigable que le dice: “confía en mí”. La atención se la da y se la quita creándole la necesidad de liberarse de tal ansiedad e incertidumbre (técnica de calor y frio).

Le incluirá en sus bromas para incrementar el sentimiento de pertenencia e intimidad y también imitará sus movimientos con el mismo fin, lo que se llama técnica del espejo.

La proxemia es la ciencia que estudia el espacio entre las personas. El espacio íntimo, el que solo compartimos con nuestros familiares y pareja es de unos 40 cm. El seductor va a invadir este espacio de manera muy sutil, por ejemplo adelantando un pie y más tarde se aventurará a ponerle bien el cuello de la camisa o a quitarle una pelusa. ¡Que nadie te toque! Si lo permites ya sabrá que eres fácilmente vulnerable y habrá un vacío de poder.

Con la técnica del aislamiento, le va acostumbrando a estar sin el grupo y a someterse a sus órdenes. Por ejemplo, diciéndole que le acompañe a por una copa. Son “pequeños secuestros”, que va a hacer que la víctima vaya confiando en estar a solas con el seductor.

Hay otra técnica que incita a la víctima a alejarse de la moralidad, al sacar el seductor temas obscenos tiñéndolo de moderno y actual, viciando y confundiendo la mente de la víctima.

En un momento de la fiesta, éste le dice que es tarde, que mejor se toman la última copa en su casa, y se ofende y monta una rabieta si la víctima le verbaliza sobre sus verdaderas intenciones. Al llegar a la casa, obvio que el seductor se sobrepasa, y si ésta se niega, le dice frases del tipo: “¿para qué me sacas de la fiesta?, ¿te crees que soy de piedra?”. Esta piensa que ha hecho algo malo, se avergüenza y se siente culpable, por lo que cede, lo que se llama CONSENTIMIENTO VICIADO. Si esto le ocurre a adultos, imagínate a adolescentes y niños. No hay nada de bonito ni de arte en esta forma de conquistar y conseguir relaciones sexuales.

Por último, mucho cuidado con quien imparte estos cursos o escribe ese tipo de libros, no suelen ser profesionales de la psicología, sino personas que se hacen pasar por expertos. Suelen tener un perfil narcisista, algunos intentan esconder su orientación sexual, otros odian a las mujeres, son machistas, psicópatas o incluso sádicos que disfrutan humillando a los demás.

Un hombre maduro no quiere ser seductor, quiere ser atractivo. Su autoestima se basa en él mismo y en lo que ofrece a las mujeres, no en contabilizar el número de víctimas.

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